Boda en Cortijo de Artaza, Córdoba

Una calurosa tarde de primavera, Códoba y Bruselas se dieron el sí para siempre. Tras años conviviendo en Bélgica, Marta y Mattieu se unieron en matrimonio en la tierra natal de la novia, Andalucía.

Pareciera que el recinto ferial de Córdoba se hubiera vestido de gala para ellos y lo que iba a ser un día de boda se convirtió en tres. Los novios pasearon por la feria acompañados de sus invitados y Marta, bellísima y feliz, no dudó en vestirse de flamenca para la ocasión. Un vestido de corte antiguo, de andaluza pura y auténtica, de las de Romero de Torres. Y así, Marta y su familia les mostraron a sus invitados belgas, sus costumbres y tradiciones.

Durante el segundo día, previo al de la ceremonia, los novios quisieron un reportaje de fotos natural y espontáneo por los jardines de la bellísima ciudad andaluza y derrocharon sonrisas y complicidad sin descanso y la primavera lució aún más colorida y luminosa.

Una boda pequeña, con los más cercanos, que tuvo lugar en la Parroquia de San Lorenzo y que se convirtió en un acto de lo más emotivo, por los presentes y los ausentes, que no me cabe duda, que sonreían al unísono. Tras la ceremonia religiosa, los novios se dirigieron al Cortijo de Artaza, a apenas unos kilómetros de la ciudad, para celebrar su banquete nupcial y ahí, el gazpacho se mezcló con las cervezas y el chocolate belga y los discursos se sucedieron en honor de unos novios que no dejaron de dar muestras de complicidad.

Y hubo un momento en que todos fueron belgas y cordobeses, que se fundieron en uno solo y disfrutaron juntos de los regalos de cada ciudad. Lo que parecía no tener nexo de unión fue posible gracias a la generosidad de los novios que consiguieron con sus sonrisas y su amor,  que todos sus invitados olvidaran sus nacionalidades para disfrutar del día más feliz de la vida de Marta y Mattieu, dos almas distintas, dos idiomas diferentes pero un solo objetivo: sellar su amor para siempre.

Gracias por haberme permitido ser testigo de esos tres días maravillosos, por vuestra generosidad y confianza y por esos chocolates que jamás olvidaré.

Heureuse vie!

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