Boda en Finca el Pendolero

Es cierto que la temporada de bodas ha terminado y que mis miras están puestas en un destino lejano y atrayente durante el tiempo suficiente para nutrirme de una nueva cultura que me devuelva a España con frescas y nuevas ideas que se verán reflejadas en los reportajes de boda del próximo año. Pero en estos últimos días en Madrid, repasando las bodas de este pasado 2016, no he podido más que detenerme delicadamente en la de Mercedes y David.

Hubo algo especial que me unió a ellos desde el primer momento en el que les conocí. La mirada sensible y sincera de David y la simpatía desbordante de Mercedes, me hicieron sospechar que esa boda supondría mucho para mí, aunque no creí que tanto.

Contrajeron matrimonio en la iglesia del Colegio Nuestra Señora del Pilar y ahí comenzó a dar vueltas el destino, una vez más. Y tras la ceremonia nos dirigimos a la preciosa Finca el Pendolero en Torrelodones, donde todo estaba exquisitamente preparado para recibirnos.

La emotividad, los detalles, la sonrisa inagotable de Mercedes y la complicidad de la pareja me llenaron de ilusión y me permitieron viajar en el tiempo. No suelo explicitar detalles de mi vida personal, ya que yo no soy el protagonista de esta historia, sino ellos. Pero fue gracias a David y Mercedes que yo volví al colegio de mi infancia, a la calle Príncipe de Vergara, a la iglesia, a pasear mentalmente por ese patio donde tantas veces jugaba con aquellos amigos que he mantenido a lo largo de mi vida.

Y desde que Mercedes descendió del coche del brazo de su padre hasta el momento en que se dieron en “sí, quiero”, yo, a través de mi cámara fui capaz de verles a ellos y de verme a mí, casi treinta y seis años atrás jugueteando en ese colegio y escuchando las voces de mis amigos llamándome a gritos: “Manu, Manu” y cómo cuchicheaban entre ellos diciéndose unos a otros: “¿Lo veis? Lo ha conseguido, ha llegado a ser quién quería de verdad. Es fotógrafo”. Y los novios seguían emocionándose y yo capturando ese momento y deseando que fuera eterno y que mi colegio y mis amigos no salieran del visor de mi cámara.

Los novios, más sonrientes aún, salieron de la iglesia como marido y mujer para dirigirse a celebrar el día más feliz de sus vidas, y yo, tras ellos, me detuve un momento a contemplar el colegio de enfrente, en el que en mi época era solo de niñas, y la vi, vi a la que es hoy mi compañera de vida, vestida con su uniforme gris y con ese pelo rizado que aún conserva y me reafirmé en que el destino está en todas partes y que a mi me ha encontrado por el camino.

Gracias, Mercedes y David, por vuestras sonrisas, por vuestro magnífico trato, por la sinceridad de vuestras miradas y por haberme devuelto una parte de mí mismo que permanecía olvidada. Sois y seréis siempre especiales para mi.

Feliz vida, pareja y gracias, de todo corazón.

admin

No Comments

Post a Comment