Fotografía de viaje en Cartagena de Indias

Cambiar de vida y de continente, requiere de un esfuerzo de adaptación que no se resuelve en veinticuatro horas. Pero eso no ocurrió en mi primera parada en el país colombiano. La ciudad de Cartagena de Indias parecía conocerme de siempre, su gente me abrió los brazos y su muralla se desvaneció para darme la bienvenida.

La música, el color y la poesía inundan una ciudad de la que enamorarse desde el primer momento. Mi cámara no sabía ya adónde apuntar ni mis ojos hacia dónde mirar, todo era bello, todo fotografiable, la gente amable, colaboradora y siempre sonriente, hasta en sus peores circunstancias.

Paseé la ciudad con calma y me perdí en la luz de su anochecer, y dejé descansar mi cámara de cuando en cuando para no perderme los momentos que a cada paso esta ciudad y sus lugareños me fueron regalando.

Pero todo no es extrema belleza en Cartagena, hay otra cara tras la ciudad bella y protegida, la de los menos afortunados, esa parte auténtica y pura, donde también rebosa la alegría, pero que yo me guardé para mi y que me negué a fotografiar, por respeto a sus ciudadanos.

Volveré a Cartagena, a reencontrarme con cientos de Gabos en cada esquina, con su cultura y su tradición.

Gracias a todos los amigos que me acompañaron y en especial, a mi compadre, Douglas Álvarez, que me llevó de la mano a encontrarme con la Cartagena más pura.

Gracias, Cartagena. Gracias, Colombia.

admin

No Comments

Post a Comment