Cuando alguien me pregunta por qué hago fotos, lo primero que se me ocurre es echarle la culpa a mi mala memoria.

Desde muy temprano concebí la fotografía como un lenguaje, como una forma alternativa de comunicación que me permitía inmortalizar los instantes, documentar la vida. Y hacer fotos se convirtió en mi particular manera de explicar a mi entorno mi forma de vivir, de hacerles partícipes de mi verdadera esencia.

Una fotografía no es solo el recuerdo de un momento. Es un vehículo para contar historias, las que están discurriendo en el preciso instante de apretar el disparador,  y las que le preceden.

 

Por eso hago reportaje de boda. Porque me permite detenerme en la inmediatez de lo que ocurre a mi alrededor y capturarlo y, al mismo tiempo, me abre las puertas a un sinfín de historias que contar.

Las parejas, sus familias, los amigos, las emociones y los detalles. Cada vez que fotografío una boda, me siento un invitado de excepción a un espectáculo fabuloso.

Así que, y volviendo al principio, fotografío para nunca dejar de contarme mi historia.

 

Invítame a contarte la tuya.